¿Qué es el EGO?

¡Qué complejo y maravilloso es el ego! Aunque no lo creas, absolutamente, todos los humanos tenemos ego, unos de más, otros de menos, pero todos lo tenemos. Viene intrínseco en nuestro Ser, igual que el amor. Es fundamental para nuestro crecimiento que esté en equilibrio con todas las demás emociones. Según Sigmund Freud, el ego es la parte de la mente que media entre la mente consciente y la mente inconsciente, la cual posee estos dos aspectos opuestos. Nuestra mente consciente es la consciencia de nuestros propios pensamientos, sentimientos, actitudes, creencias y sensaciones. Es la responsable de nuestro sentido de identidad personal y analiza la realidad en la que percibimos el mundo. El inconsciente da por verídica la información y luego la ejecutamos con el consciente.


El ego nos determina en cómo nos vemos a nosotros mismos, qué pensamos de los demás y de lo que sucede en el mundo. Es como un agujero negro, absorbe todos los datos e información e intenta darle sentido, para adaptarnos o cambiar la realidad que nos rodea. Para equilibrar nuestros pensamientos, acciones, amor y ego, debemos trascender ese ego para descubrir nuestro verdadero ser. ¿Pero cómo podemos trascenderlo? Debemos desprendernos de toda influencia del mundo material y de sus leyes, todo dogma. Principalmente analizando y comprendiendo la ambición, la codicia, el egoísmo, la egolatría, etc. 

Te has preguntado alguna vez: ¿Por qué envidio? ¿Por qué siento rabia? Porque nos estamos comparando con los demás constantemente, porque queremos siempre lo que tiene el otro, porque necesitamos reconocimiento para sentirnos plenos. Porque no entendemos que somos seres individuales perdiendo el tiempo viendo la vida de los demás en vez de centrarnos y comprender la nuestra propia. 

Queremos llenar vacíos y carencias que ni nosotros sabemos, por no practicar introspección y estar tan desconectados de nuestra propia esencia. El ego siempre está buscando cómo completarse en un pozo sin fin; necesita ir añadiendo siempre cosas dentro, con una excesiva preocupación por el futuro y se completa con ilusiones ficticias. A veces parece más que evidente que el ego no quiere que nada cambie, para poder seguir quejándose.

El ego excesivo no permite ver con claridad nuestra percepción del mundo y de nosotros mismos, ya que al enfocarse en el futuro, lo que utilizamos es la imaginación, un plano ficticio el cual aún no ha pasado. ¡Y ojo! No es lo mismo, que enfocarse por objetivos a largo plazo, los cuales vas a ejecutar en tu presente y en el ahora, para recoger los frutos del esfuerzo y la fe en existir. Y por último, el ego también nos enfoca en el pasado, un plano donde utilizamos la memoria, el cual ya no puede ser modificado.

La típica frase, "De bueno, eres tonto". Eso suele pasar, cuando no sabemos limitar y aún no tenemos ese equilibrio necesario para seguir nuestra propia ética moral. Podemos ser buenos e humildes, sin la necesidad de ser "tontos", poniendo los límites necesarios. 

Con todo esto, no quiero decir que debamos eliminar el ego, sino, que encontremos un equilibrio, una forma de trascender, para saber limitar en diferentes circunstancias, sin necesidad de usar el afán de superioridad hacia el prójimo y hacia nosotros mismos. 








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